jueves, 10 de julio de 2008

Toros

Se suele decir que se podría medir lo avanzado de una sociedad por el trato que sus miembros le dispensan a los animales con los que conviven. Esta frase es aburrida, larga, no tiene signos de puntuación y es falsa. No obstante, el trato que le dispensamos al toro de lidia es realmente aberrante, y ello con independencia del nivel de avance que queramos tener.
Yo creo que en realidad, lo que mide el paso evolutivo en el que se encuentran las sociedades es la cantidad de complejos que siguen conservando como herencia del pasado: en los EEUU, por ejemplo, se supera primero el genocidio de las naciones indias, más tarde se ventila la esclavitud, después el racismo y por último el intervencionismo en política internacional. Todo este proceso se hace sin mirar atrás, sin remordimientos o dilemas morales.
En España, superado el dominio musulmán, la pérdida del imperio, los autos de fe y la monarquía de tasca, todavía nos lastramos con los males que cometieron nuestros antepasados de hace 500 años (o más). Supongo que el dominio de la iglesia en la forja de nuestra ideología hizo que el malestar causado por el pecado original todavía hoy nos revolviese las tripas, y desde el original, pues todos los demás.
Por lo anterior, está mal visto llevar a los niños el ajusticiamiento de los reos de apostasía, incluso el propio ajusticiamiento está mal visto. También está mal visto meterse con un musulman o publicar artículos que critiquen la corona. Pero claro, llegando a la tauromaquia, todo cambia, esta materia es sagrada porque no hay herencia pecaminosa que nos haya legado un animal, si acaso los cuernos, pero podrían interpretarse como símbolo del mal. Esta es una tradición que gustó por igual a los poderosos que al vulgo, a los analfabetos que a los filósofos y además, generalmente se muere un animal cornudo.

No hay comentarios: